Madre antes que suegra
En el día de la madre yo le compro un regalo a mi suegra. Al fin y al cabo, no deja de ser la madre de mi marido. Sí, también me toca a mí comprar los regalos de sus hermanas, sus sobrinos y, ha habido veces, hasta los míos. Pero hablábamos de las madres del marido, o de la mujer, según el caso. Por definición, una suegra es un horror… pero pocas veces pensamos en ella como madre. Hubo un tiempo en que esa señora llevó a sus niños al parque, al colegio y les abrazó cuando lloraban al salir del cole… y ese niño o niña se ha hecho mayor y ahora es un adulto casado. O arrejuntado, me da igual. Y, bueno, hablar de la suegra como del demonio también es exagerar… que los cuernos y el rabo todavía no se los he visto yo a la mía.
¿Ven? Me resulta más difícil pensar que otras personas tengan madre, como los políticos o los dirigentes bancarios. Si cada vez que alguien les menta a la madre esas señoras, si viven, lo oyeran… ¡se volverían locas! Eso sí, en compensación por toda la maledicencia que siembran a su alrededor, sus hijos deben de agasajarlas con pequeños detalles que compensen su estoica maternidad. Se me ocurren, a bote pronto, un bolso de Luis Vuitton (815 euros) para ir a la playa con las amigas, un reloj (2.400 euros) para no llegar tarde al teatro ni a misa de ocho, o una maleta de Loewe (1.130 euros) para los viajes del Imserso. Y así, una madre que no entiende qué pasa a su alrededor –porque ve Canal 9, claro–, mete en el bolso su preocupación y continúa pensando, orgullosa, que su hijo es un señor importante y, como mucho, tiene que tratar con malas compañías. Y lo coge del brazo, un día al año, para salir a comer; dos, contando navidad.
Quienes sí que tienen claro que todos tenemos una madre son los centros comerciales. Hagan las cuentas conmigo. Si somos 40 millones de españoles, al menos una madre por cabeza, son 40 millones de regalos. A poco que se gasten unos y otros –porque todos no podemos estirarnos tanto, ya quisiera mi suegra–, si contamos 1 euro por regalo nos salen 40 millones de euros en un solo día ¿Dónde está la crisis? ¿Y su madre? Mirando un poco más allá de lo evidente, los mensajes de los centros comerciales tienen su moraleja. Comprar, claro, para regalar. Y, ya puestos, regalarse a uno mismo… ¿por qué no? El regalo de mi madre, que la pobre señora ya no puede disfrutar, me lo llevo yo a mi casa y me tomo un café en su memoria.
Mi terapeuta dice que las relaciones más difíciles de «masticar» son las paterno-filiales. El comentario vale también para las materno-filiales. Y son, si cabe, más complicadas. Alguien que te pregunta si llevas ropa limpia por si te tienen que llevar al hospital es, por fuerza, alguien muy especial. También previsora, sí, señor. Y con mucho sentido del deber porque, claro, si te pasa algo y resulta que llegas con la ropa interior sucia, vete tú a saber porqué, el médico, antes de atender tu bazo perforado, se parará a cuestionar el mal hacer de esa santa mujer que es tu madre. Sufridora estirpe de mujeres que ha pasado a la historia… o no.
Así que, háganme caso. Llamen a sus madres, suegras en su defecto, e invítenlas a pasar el día juntos. A comer que inviten ellas que, generalmente, cocinan mejor. Se lo agradecerán y ustedes, con el tiempo, me lo agradecerán a mí porque recuerden: «Madre no hay más que una». Afortunadamente.